La poética existencial que habita los libros de Wolf Erlbruch

La poética existencial que habita los libros de Wolf Erlbruch

“El arte en general para algunas personas, la música, las artes plásticas, la danza, etc… y yo creo que la poesía para todo el mundo, no tienen como única función existir para la contemplación, la escucha o la lectura, sino de igual manera para la creación, y, desde luego, para la creación de uno mismo.” Georges Jean

¿Cuál es el propósito vital de cada ser en el mundo? pareciera ser la pregunta constante en la obra de Wolf Erlbruch, el escritor e ilustrador alemán nacido en 1948, en la ciudad de Wuppertal, quien acaba de obtener el Premio de Literatura en memoria de Astrid Lindgren (ALMA) 2017, por su obra destinada a niñas, niños y también lectores de todas las edades. Cada obra suya puede ser leída como una carta de navegación para explorar nuestra propia experiencia, para adentrarnos en nuestras moradas internas y buscarnos y hallarnos e iluminarnos mediante la experiencia estética frente a sus obras, configuradas poéticamente mediante la imagen figurativa, el juego del color y las texturas, las perspectivas y los planos que comunican una emotividad poderosa; con la palabra que describe, narra o nos hace escuchar preguntas y diálogos diáfanos, crueles, profundos, humorísticos, absurdos o inocentes. Con todo ello, sus obras nos incitan a responder esa pregunta formulada de una y muchas formas posibles e imaginadas en las voces o las actitudes de personajes profundos, entrañables, graciosos o inquietantes. Incluso el estado de desolación en el que se encuentra el sapo al inicio de Los cinco horribles o la advertencia de finitud que encuentra lugar en El pato y la muerte tienen relación con esa pregunta:

Pato y muerte de espaldas conversan

“Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño.

—¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

La Muerte le contestó:

—Me alegro de que por fin me hayas visto.

Soy la muerte.”

Los libros de Wolf Erlbruch parecen partir de esta premisa común: la búsqueda de respuestas a preguntas fundamentales sobre el propósito vital que nos ha traído al planeta. Preguntas fundacionales que todo ser reflexivo se hace alguna vez sobre su propia existencia y sobre su experiencia con la otredad y el mundo. Y como muchos de los libros que escribe e ilustra este autor son también para niñas y niños, ha creado una propuesta estética en los lindes del libro álbum que ofrece un territorio amplio donde caben muchas lecturas, diversas construcciones significativas desde los más distintos horizontes. Sus obras son hospitalarias tanto para los lectores más jóvenes como para los mayores. Cada lector o lectora podrá elaborar sus propias respuestas a las preguntas comunes y todos hallarán materia emotiva, poética, evocativa y provocadora en las historias, en las imágenes, en las preguntas que ofrecen libros como los que reseño a continuación.

La gran pregunta, México, Ediciones Tecolote, 2005

La gran pregunta Portada

En La gran pregunta es elocuente el cuestionamiento existencial, ya que es el punto de partida, el argumento, el nudo y el desenlace abierto a la formulación de nuevas y necesarias preguntas. La gran pregunta, que todo sujeto se ha planteado en algún momento de su existencia, se presenta elidida en una voz infantil que no escuchamos, sino a través del eco de las respuestas que ha demandado, tal como se infiere, y que obtiene de los personajes más cercanos en su cotidianidad. La gran pregunta formulada por un niño pequeño, como todos los niños y las niñas que hemos sido alguna vez, y como los de ahora y los de todos los tiempos, recibe tantas respuestas como caben en la complejidad de nuestras vidas sobre el mundo y de quienes nos rodeamos. Los trazos lineales y figurativos con colores ocres y fríos ilustran con emotividad y de manera elocuente las breves y contundentes respuestas que buscan describir pedacitos de lo que representa el sentido de la vida desde distintas perspectivas. Hay respuestas poéticas: “Estás aquí para cantar tu canción”, le dice el pájaro. Existenciales: “Estás aquí, para amar la vida”, le dice la muerte. Respuestas esenciales: “Tú estás aquí porque yo te amo”, dice la madre, entre otras.

 

El milagro del oso, Salamanca, Lóguez, 2002

El m ilagro del oso portada

Después de un largo invierno, el oso despertó flaco, hambriento y curioso. Una vez que hubo comido y engordado nuevamente, pensaba en el grande y fuerte padre oso que podría ser.

Oso pensando de cabeza Wolf

“Pero por mucho que pensaba, no se le ocurría qué habría que hacer para convertirse en un padre oso.”

Entonces gritó con su voz más potente para que todo el bosque lo escuchara:

“—¿Puede decirme alguien cómo puedo tener un hijo?”

Pues lo que deseaba ante todo era convertirse en un padre oso. Y eso no es cosa simple. Así que preguntó. YOso y Osa mirando el horizonte le dieron respuestas que lo llevaron a buscar un hijo oso entre las remolachas; luego, a intentar poner un huevo; buscar a una cigüeña… En fin. El oso comenzaba a desesperarse, cuando mirando las nubes recordó algo que su madre siempre le decía. Y, de pronto, apareció ante él una encantadora mujer oso que le hizo una proposición que le ayudaría a desvelar el misterio, diciéndole:

“Si tú colaboras un poquito, podremos tener encantadores niños osos en la próxima primavera”.

Los cinco horribles, México, Juventud, 2001

Los cinco horribles portada

El sapo se encuentra sumido en un estado depresivo. Sus amigos, la rata, el murciélago y la araña, no le dan ninguna palabra de aliento, antes bien, se encuentran sumergidos en la misma angustia y desolación. Todo ello debido a un motivo en común: se consideraban a sí mismos feos, ¡horribles!

“El sapo, con sus saltones ojos de color amarillo, se contemplaba en un trozo de espejo. A la pálida luz de la luna, se veía aun peor aspecto que bajo los rayos del sol y se miraba con tristeza las enormes verrugas de la cara. Se encontraba horroroso.”

Sapo mirandose al espejo de los cinco horribles

(Cada vez que leo este inicio y miro la ilustración, imagino al sapo repitiéndose la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?)

Un día, llega una hiena y hace lo que sabe: se ríe de ellos, y los llama “el club de los llorones”. Se integra al grupo porque comparte su fealdad, pero agrega un ingrediente que no conocían los otros cuatro animales: entusiasmo, iniciativa y esperanza. Eso ayuda al grupo a hacer planes para olvidar las penas y para que cada uno haga lo que mejor sabe. De modo que se abre la posibilidad de ver la vida con una mirada distinta y, quién lo sabe, tal vez tener una alegre fiesta cada tarde.

Leonardo, Barcelona, Takatuka, 2008

Leonardo Portada

Apenas abres la tapa del libro, te reciben unas guardas que dan ganas de alejar la mano de inmediato, pues contienen una verdadera jauría de “perros peligrosos” como los que Leonardo pintaba cada mañana, poco después de ponerse a ladrar y despertar a sus padres. La abuela, que ama a Leonardo, lo acompaña con algunos ladridos o gruñidos, aunque le gustaría tener un nieto normal con el que pudiera jugar bádminton. En la calle, a Leonardo le asustan mucho los perros, que hay de a montón. Tanto, que desea convertirse en un perro grande. Un hada se lo concede y los padres tienen que comprarle una casa para el jardín. No obstante, la calle sigue complicada, ahora con tantos niños que lo asustan…

Leonardo jala a la abuela perro

El mundo de Leonardo es un mundo de ensoñación y temores, si bien, arropado con el amor de una familia que comparte y celebra sus juegos, anhelos y eso que llaman crecer.

La pregunta implícita en Leonardo podría ser ¿cómo se conjura el miedo frente al mundo y la vida, cuando crecer es una aventura plagada de riesgos? Acaso vestirse de fiera ayude a ahuyentar a las fieras. Así como Julio Cortázar escribía relatos para exorcizar sus demonios, el pequeño Leonardo dibuja los más feroces perros con rabiosos hocicos punzocortantes, y ladra y aúlla y gruñe cada mañana.

Leonardo perro grande aullando

En conclusión, las preguntas de orden existencial son vitales y, aunque a veces duelen, a veces también iluminan y siempre nos ayudan a ser quienes somos. Hay muchas maneras de desvelar sus respuestas, una muy afortunada es con la compañía de libros poderosos, cargados de sentido, de ternura, de humor, de desenfado, de naturalidad, familiaridad e ingenio como los de este autor, pues son obras que se abren a nuestra subjetividad, que nos reflejan, nos contrastan o nos permiten asomarnos a otros mundos íntimos, diversos, de los que bien podría abrevar nuestra construcción de otredad y de alteridad.

Pato yace sobre la muerte

En una próxima entrada comentaré sobre los libros ilustrados por Wolf Erlbruch.

Nota: todas las ilustraciones son de Wolf Erlbruch, incluido este autorretrato.

Autorretrato Wolf-Erlbruch-600x600

Gilgamesh o la epopeya de la poesía

Gilgamesh o la epopeya de la poesía

 Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal.

Octavio Paz

Primero fue la palabra… poética

Todas las culturas antiguas buscaron la explicación de su origen a través de las palabras, cantaron a sus divinidades, llamaron a la lluvia y adoraron al fuego, conjuraron sus temores y celebraron sus alegrías mediante las palabras. Palabras cantadas, repetidas, custodiadas en la memoria colectiva. No es gratuito que los textos primigenios fueran configurados con ritmo, repeticiones, imágenes y metáforas, es decir, poéticamente, entre otras razones, con el fin de ser recordados.

Tablet_V_of_the_Epic_of_Gligamesh._Newly_discovered._The_Sulaymaniyah_Museum_Iraq.Hace más de 4600 años, tanto las tierras de Siria, hoy desérticas, como las de Irak, ahora devastadas por las secuelas de la invasión estadounidense de 2003, albergaban el reino de Mesopotamia: la tierra “entre dos ríos”. Entonces, esa región reverdecía y daba frutos. Allí nació una de las primeras culturas en el mundo: la sumeria; allí se inventó el primer sistema de escritura, el cuneiforme; también allí se escribió la obra literaria más antigua de la humanidad hasta ahora conocida: el poema de Gilgamesh. Las hazañas de este personaje fueron escritas en doce tablillas de barro, que, por siglos, estuvieron enterradas entre la arena y el olvido.

G3

Gilgamesh era mitad dios y mitad hombre. Fue enviado a la tierra por los dioses para gobernar la ciudad de Uruk. Era autoritario y despiadado con su pueblo, buscaba ser el rey más fuerte y poderoso; quería conquistar la gloria y vivir por siempre. Aunque parecía humano, no supo lo que “significaba ser un humano”, hasta que conoció a Enkidú y, con éste, conoció la amistad, la lealtad, la compasión y la perseverancia. El valor y el heroísmo de Gilgamesh se narra en un poema que da cuenta de una sucesión de míticas aventuras, encuentros con criaturas terroríficas, viajes por lugares asombrosos y la búsqueda incansable de la inmortalidad. Los siguientes son los versos del Preámbulo[1] de esta epopeya:

gilgamesh-lion-688po

Tablilla I, columna i

Quien vio el abismo

fundamento de la tierra

quien conoció los mares

fue quien todo lo supo;

quien, a la vez,

investigó lo oculto:

dotado de sabiduría,

comprendió todo,

descubrió le misterio,

abrió [el conducto]

de las profundidades ignoradas

y trajo la historia

de tiempos del diluvio.

[Tras] viaje lejano,

volvió exhausto, resignado.

[y] grabó en estela de piedra

sus tribulaciones.

Él erigió los baluartes

de Uruk-el-Redil,

el del Eanna

sagrario santoG7

Mira sus muros…

¡Como de bronce…!

Observa sus fundamentos.

¡No tiene par!

Toca el umbral,

de vieja hechura.

Acércate al Eanna,

morada de Ishtar.

Ningún rey en el pasado,

ningún hombre lo igualará

Sube y pasea

sobre sus muros.

Mira sus cimientos.

Considera su estructura.

¿No son acaso

cocidos sus ladrillos?

¿No habrán echado sus fundamentos

los Siete Sabios?

 

Un sar[2] mide la ciudad,

un sar sus huertos,

un sar el templo de Ishtar.

G4En total…

¡tres sar abarca Uruk!

Busca [ahora]

el cofre de cobre;

tiene un cerrojo de bronce.

Abre

la puerta de los secretos.

Saca una tablilla

de lapislázuli. Lee.

Son las pruebas

que sufrió él, Gilgamesh.

G19-1

¡El más famoso de los reyes,

célebre, prestigioso!

¡Heroico retoño de Uruk!

Toro que embiste.

Va al frente, el primero

[en la batalla].

Para auxiliar a sus hermanos,

vuelve atrás.

¡Fuerte red,

protección para sus huestes!

¡Impetuosa corriente,

derriba las murallas!

¡Hijo de Lugalbanda,

perfecto por su fuerza!

¡Hijo de la Excelsa Vaca,

Ninsún-Rimat!

Tal es Gilamesh.

Perfecto. Soberbio.

 G62

Abrió los pasos

de la montaña,

cavó los pozos

en sus laderas,

cruzó el océano, vastos mares,

hasta donde sale el sol;

alcanzó los confines de la tierra

en busca de la vida.

Por su propio esfuerzo, llegó

hasta Utanapíshtim, el distante.

Restauró los santuarios

arrasados por el diluvio.

Entre todos los pueblos

nadie habrá

que le iguale

en majestad;

que, como Gilgamesh, pueda decir:

“¡Soy yo el rey!”

 

El poema de Gilgamesh es un texto fundamental en el acercamiento a la literatura y de modo particular a la poesía, pues aunque se trata de un texto épico, se torna lírico ya que expresa la angustia existencial que atraviesa la experiencia humana. Las tribulaciones y emociones del rey de Uruk son las mismas de las que abreva la poesía de todos los tiempos, el amor, la fraternidad, al dolor por la pérdida y el miedo a la intrascendencia, entre otras. Gilgamesh representa la epopeya de la poesía misma, sobreviviente en el desierto del tiempo, palabra que se levanta del polvo y la arena para seguir brillando en sus ecos.

Por último, quiero mencionar la estupenda versión en prosa, idónea para lectores infantiles y juveniles, que ha escrito e ilustrado minuciosa y bellamente Ludmila Zeman, y que ha sido editada por Ediciones Tecolote (México, 2003).

 

G1P

 

Las ilustraciones son de Ludmila Zeman, incluidas en su obra Gilgamesh, México, Ediciones Tecolote, 2003.

[1] Tomado de Gilgamesh o la angustia por la muerte (poema babilonio). Traducción directa del acadio, introducción y notas de Jorge Silva Castillo, México, El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África, 2004.

[2] Medida de superficie de alrededor de 360 hectáreas.

Mañanas de escuela, de César Arístides, un amoroso silencio que habita en la ensoñación

Mañanas de escuela, de César Arístides, un amoroso silencio que habita en la ensoñación
Dedicado a las niñas de Guatemala, a quienes en vez de poesía, amor,
justicia, les han dado el peor castigo por ser niñas, mujeres, pobres, 
y vivir en un sistema donde se desprecia la vida y se incinera la esperanza.

Basta así la palabra de un poeta, la imagen nueva pero arquetípicamente verdadera, para que reencontremos los universos de la infancia. Sin infancia no hay verdadera cosmicidad. Sin canto cósmico no hay poesía. El poeta despierta en nosotros la cosmicidad de la infancia.

Gaston Bachelard

El poemario Mañanas de escuela[1], de César Arístides[2], con ilustraciones de Paulina Barraza, nos propone entrar en un mundo provisto de imágenes de ensueño con tardes de frutas habitadas por osos de arena y pájaros rojos que lloran bondad. Un mundo que evoca una infancia que juega en el jardín donde pájaros azules se vuelven bicicletas y habitan árboles que piensan. Un mundo en cuyo paisaje los árboles vuelan sobre el sueño de los gatos. Un mundo que podemos mirar asomándonos tan solo “En la ventana”:

 

Desde mi ventana el mundo son los árboles

los pájaros que vuelan sobre el sueño de los gatos

allá están los camiones las calles las ilusiones

los niños más grandes regresan de la escuela

entonces las nubes ponen el mantel

y le avisan al sol que lave sus manos

pues es hora de llover

 

desde mi ventana la ropa tendida

es un baile de fantasmas que dan risa

un vestido tiembla y corren calcetines

en busca de un señor barrigón

que trabaja en un mercado

 

corren las bancas porque llueve

y las casas también los semáforos

sólo los sueños se quedan quietos

disfrazados de niñas mojadas

que saltan una cuerda

Portada Mañanas de escuela

Mañanas de escuela se compone de un conjunto de poemas líricos que hablan de experiencias de infancia en un patio escolar donde los árboles greñudos/ juegan encantados y una mochila es un cofre de ilusiones; de la arboleda adornada con el verdor de los pájaros; de una casa con habitaciones donde se crece y se juega, y donde a veces da miedo el eco de la nada, como en “Quiero dormir”:

 

A veces en la noche

me da miedo el eco de la nada

Imagino a los fantasmas buscar su cabellera

atorada entre las puertas o los libros

debajo de la cama entre juguetes olvidados

 

si acaso me despierto a medianoche

asustada por la nada y su canción de oscuridad

pienso en el columpio y la naranja

en las nubes que hacen triste la cara de mi abuela

y también en la risa del recreo

así me entra la sed y la añoranza

y vuelvo despacito

acurrucado en los recuerdos

a la tibieza del sueño

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En este poemario se entretejen una serie de sensaciones que se perciben con todo el cuerpo, un cuerpo que juega, que mira y se mira a sí mismo, con la emotividad del ensueño de infancia expresada en cada verso, en cada poema. El discurso poético que configura los poemas de esta obra destaca el uso de imágenes sensoriales con las que se crean ambientes donde se escucha la música de las hormigas y se mira a los árboles dejar caer “Cartas a los niños”:

Caen de los árboles

para que las escriban nuestras pisadas

cartas de amor o música de hormigas

revuelo del viento al atardecer

mientras los árboles se ponen tristes

porque el cartero apurado en su tarea

no entrega a los niños que no saben leer

estas hojas mal escritas

por el verdor de los pájaros

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Como toda la poesía que trata de la experiencia de infancia, las composiciones de esta obra obsequian a sus lectores, de cualquier edad, una entrada al recuerdo, a la añoranza o a la evocación de esta etapa esencial que percute o repercute en la memoria de toda persona. Finalmente, Mañanas de escuela propone una respuesta ante la inagotable pregunta: “Qué es la poesía”:

Le pregunté a mamá qué son los versos

y me dijo que eran flores de lluvia y algodón

papá qué son los versos

y me habló de caballos rojos en un mar de azucenas

profesora qué son los versos

y escribió en el pizarrón palomas de cristal

pero dígame maestro que son los versos

y me enseñó un dibujo donde lloraba un corazón

ahora sé qué son los versos

tu sonrisa en la lluvia

y el amoroso silencio

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Sugerencias para escribir después de leer este poemario y otros

Conviene saber que jugar con los poemas, manipular e intervenir los versos ajenos es un buen comienzo y un camino lúdico para lograr que las niñas y los niños se familiaricen con el discurso poético y, poco a poco, lo hagan propio como recurso expresivo y creativo. Con tal propósito, se hacen las siguientes propuestas:

Escribir a partir del título de un poema

Sugiera a las niñas y los niños lectores que elijan un poema que les haya causado una impresión especial. Invítelos a comentar lo que les hizo sentir, pensar o recordar. En seguida, pida que se preparen para escribir un texto personal y aclare que no estarán obligados a compartirlo, a menos que deseen hacerlo. Proponga una pauta para orientar el proceso de escritura, como la siguiente:

  • Adoptar el mismo título del poema seleccionado como título de su propio texto.
  • Tomar como modelo de escritura el poema seleccionado: tema, estilo, recursos.
  • Escribir un poema nuevo y personal.
  • Ilustrar el poema, si así lo desean.

Componer un poema con títulos de poemas ajenos

Invite a los lectores a seleccionar, de modo individual, los primeros versos de entre siete y diez poemas, destinados a componer uno nuevo con ellos. En la composición que hagan deben buscar que haya coherencia semántica, sin perder de vista que un elemento esencial en la poesía es la construcción de imágenes a partir del sentido que evoquen las palabras usadas en sentido metafórico. Recomiende seleccionar de siete a 10 de los primeros versos que más les gusten; acomodarlos en el orden que les guste; complementar con algún verso nuevo de su propia creación y colocarlo donde crean conveniente; que hagan una lectura del nuevo texto y hagan ajustes finales si los creen necesarios. No se trata de acomodar arbitrariamente los versos, sino de construir sentido y expresión con su composición. El siguiente texto está compuesto con siete títulos de poemas de Mañanas de escuela:

Un mensaje de pájaros te voy a cantar

El mar es mariposa que sueña

Para cubrirme del miedo

Allí guardo mi libro de paisajes y barcos

Feliz me despierto y la casa es un sueño

Si te digo tengo miedo

Mi llanto es luciérnaga triste

[1] Mañanas de escuela, de César Arístides, México, Santillana, 2011.

[2] César Arístides nació en la Ciudad de México en 1967. Cuando era niño no le gustaba la escuela, en vez de eso, deseaba ser jugador de futbol, y cuando había oportunidad le encantaba mojarse bajo la lluvia. Le gustaba leer y esa era una de sus actividades favoritas. Su gusto por la literatura lo llevó a escribir y a recopilar poesía de otros. Entre sus obras destacan: Duelos y alabanzas y Murciélagos y redención, obra con la que ganó el Premio Internacional de Poesía “Benemérito de América”, en 2004. En la actualidad es editor y, aunque dice ser un poco lento en la cancha, juega futbol rápido en su tiempo libre.

Talleres de poesía con niñas y niños para construir una voz propia

Que el verso sea como una llave

que abra mil puertas.

Una hoja cae; algo pasa volando.

Cuanto miren los ojos creado sea,

y el alma del oyente quede temblando.

                      Vicente Huidobro

 

Durante varios años, los talleres de poesía con niños Palabras para darte vuelo se han realizado en diversos espacios (aulas escolares, bibliotecas, ferias del libro) y se dirigen especialmente a los niños y las niñas, sin embargo, es frecuente la participación de personas de todas las edades. En cada taller que llevo a cabo confirmo dos cosas, la primera es que la poesía, aún la seleccionada ex profeso para estos talleres con la premisa de que sus receptores serán infantes, no tiene receptores exclusivos, y que cualquier persona puede acceder al discurso poético a través de una experiencia compartida con niños y niñas. La segunda es que cada vez que hay una oportunidad de leer y comentar poesía de manera solidaria, así como un sendero iluminado por donde andar el camino de la escritura (algunos lo llaman “andamiaje”), toda niña y todo niño son y se asumen, en mayor o menor medida, como lectores, hermeneutas y escritores: leen, interpretan, escriben. De ahí, esta reflexión e invitación a leer, comentar y escribir, jugar, sentir… con la poesía, en el aula, la escuela, la biblioteca, la sala de lectura, la plaza, la calle…

Construir una voz propia a través de la experiencia de leer y escribir

¿Cómo hacernos de una voz propia? ¿Cómo pueden las palabras de los otros servirnos para construir nuestra propia palabra, nuestra propia voz? ¿En qué medida la poesía tiende caminos en ese proceso? En principio toca hablar de la lectura como afluente de otras voces con las que podemos dialogar, en las que podemos reconocernos y reconocer a los otros. Y de la escritura en tanto ejercitación de nuestra propia voz, de nuestro propio discurso, emanado de nuestras reflexiones o necesidades comunicativas y expresivas. La lectura y la escritura pueden tener un papel fundamental en el proceso de formación de los sujetos como individuos, como seres sociales y por tanto, como sujetos letrados y como ciudadanos. Como individuos, porque la lectura y la escritura en tanto experiencias formativas, en tanto experiencias de vida, es decir, como vivencias relevantes y significativas en la vida de los individuos dejan una impronta que se revela en el SER de cada persona, en su modo de estar en el mundo y de relacionarse con los otros. Somos las palabras que nos habitan. Las palabras que nos nombran. Las palabras con las que nombramos al mundo. Las palabras inefables que arropan nuestros silencios. Las primeras palabras que recordamos y las últimas que enunciamos.

Por supuesto que todos tenemos una voz, entendida ésta como ejercicio del lenguaje verbal, y las voces de las niñas y los niños son las más brillantes entre todas. En esta reflexión al hablar de “construir una voz propia” me refiero a la posibilidad de saber y poder utilizar las palabras, jugar y experimentar con ellas para decir lo que se quiere expresar o comunicar; a ejercer el derecho a la palabra, oral y escrita, y a que esta sea escuchada; a saber y poder “hacer cosas con palabras” (J. L. Austin).

Sentí felicidad porque me gustó escribir

porque escribí lo que sentí hace mucho y siempre lo he

querido expresar pero nunca lo he podido, pero ya pude

Ilan

La experiencia estética de los niños y las niñas con la poesía

Acercar la poesía a los niños es acercarlos a un mundo de palabras, habitado por vocablos que se vuelven sonido, música, imágenes, colores, texturas, emociones, sensaciones… A un mundo de palabras cargadas de sentido que se revela poco a poco, en aproximaciones dotadas de asombro, de juego, de descubrimiento o de misterio. Cada encuentro con la poesía que logra convertirse en una experiencia significativa, emocional y vivencialmente, deja una huella, el rastro de un camino al cual se podrá volver, por el cual se podrá transitar muchas veces, un camino que cada vez podrá ser distinto, único, cada vez más amplio, con un horizonte del mundo y de sí mismos en expansión constante.

En los talleres de poesía con niñas y niños se busca generar vivencias como la que refiere Jorge Luis Borges[1], en relación con la lectura del poema “Oda a un ruiseñor”, de John Keats, que hizo siendo un niño y que le llevó a decir más tarde, en su reflexión adulta:

Yo creía saberlo todo sobre las palabras, sobre el lenguaje (cuando uno es niño, tiene la sensación de que sabe muchas cosas), pero aquellas palabras fueron para mí una especie de revelación. Evidentemente, no las entendía. ¿Cómo podía entender aquellos versos que consideraban los pájaros -a los animales- como algo eterno, atemporal, porque vivían en el presente? Somos mortales porque vivimos en el pasado y el futuro: porque recordamos un tiempo en el que no existíamos y prevemos un tiempo en el que estaremos muertos. Esos versos me llegaban gracias a su música. Yo había considerado el lenguaje como una manera de decir cosas, de quejarse, o de decir que uno estaba alegre, o triste. Pero cuando oí aquellos versos (y, en cierto sentido, llevo oyéndolos desde entonces) supe que el lenguaje también podía ser una música y una pasión. Y así me fue revelada la poesía.

Por ello, los talleres de poesía con niñas y niños son una oportunidad de crear el acceso a la palabra escrita y al discurso poético; a su recepción estética; a sus formas y recursos; a su apropiación para jugar con las palabras y usarlas en la construcción de nuevos textos, para expresar emociones y deseos, para conocerse a sí mismos y, sobre todo, para descubrir que las palabras sirven para construir una identidad y una voz propia.

Los talleres de poesía con niñas y niños se constituyen en prácticas letradas al crear condiciones y oportunidades para leer, conversar, pensar, escribir e interactuar alrededor de lo que estas acciones suscitan y convocan, en contextos y situaciones específicos. Como prácticas letradas, integran distintas acciones alrededor de textos escritos que por sí mismos, o a través de una mediación adecuada, resultan significativos y relevantes para quienes participan de ellas. Mediante la poesía, las niñas y los niños aprenden a utilizar las palabras en función de sus intereses y necesidades expresivas, creativas, lúdicas, identitarias y de interacción social y cultural.

Por último, confirmo mi adscripción a las palabras que Gianni Rodari escribió en las preliminares de su Gramática de la Fantasía (p. 13), porque son palabras que dan luz y esperanza a mi trabajo:

Confío en que el librito sea útil para quien cree en la necesidad de que la imaginación tenga su puesto en la enseñanza; para quien tiene fe en la creatividad infantil; para quien sabe qué virtud liberadora pude tener la palabra. «Todos los usos de la palabra para todos», me parece un lema bueno y con agradable sonido democrático. No para todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.

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[1] En “Credo de un poeta”, conferencia pronunciada en la Universidad de Harvard, durante el curso 1967-1968.

Leer con otros, hacer comunidad: mediación y conversación lectora

“Nosotros no sabemos lo que pensamos sobre un libro hasta que hemos hablado de él.”

Sarah, 8 años, en Dime, de Aidan Chambers.

En tiempos de la modernidad líquida, en los cuales, a decir del pensador Zygmunt Bauman (1925-2017), se ha exacerbado la individualidad y la volatilidad y transitoriedad de los vínculos y las relaciones humanas, leer con otros es una alternativa para construir comunidad. Para construir identidad, cultura común y lazos solidarios. Como inicio de esta reflexión, señalo que la lectura solitaria no existe. Ya que aun en el encuentro de un único lector frente a un texto, en la intimidad que se construye en la lectura individual, leer es una práctica dialógica que pone en contacto e interacción a un lector con la voz o las voces que habitan el texto que lee. A veces, leemos a solas, pero no necesariamente desolados. En cambio, si nos sentimos desolados, un libro puede darnos compañía. Cuando creamos un vínculo personal con el texto que leemos, en ese vínculo nace un diálogo en el que, como lectores y como sujetos, construimos un significado particular y único. Pero esa experiencia no se queda ahí, de algún modo la socializamos, ampliamos nuestra lectura personal, al extender la conversación con otros, con quienes compartimos nuestra impresión, emoción o las ideas que nos provocó el texto leído. Recomendamos leer el texto que leímos, o sencillamente hablamos de él, deseando que la emoción que nos produjo se propague.

Si bien, la lectura individual crea un espacio privilegiado en que se acoge nuestra intimidad, las construcciones significativas que hacemos al leer un texto no son exclusivas de la lectura a solas. Antes bien, cuando leemos un texto en común con otros lectores y conversamos acerca de lo que el texto dice a cada uno, nuestra propia interpretación se ensancha, vemos aspectos que tal vez no habíamos considerado al escuchar la interpretación que otros hacen, escuchamos esas otras voces y podemos ver el texto como un crisol en el que cada lector encuentra distintos destellos. Después de una conversación cuyo eje es el texto leído en común, el significado que construimos juntos, solidariamente, es más robusto y enriquece la construcción personal de sentido que cada lector hace con su propia lectura. De modo que leer en comunidad hace que nuestra comprensión e interpretación de un texto sea más profunda porque estará cobijada por esas otras voces.

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Intertextualidad y mediación lectora

Un camino para propiciar diálogos de esa índole es la conversación sobre las voces del texto. Para ello se requiere de una mediación que procure conectar los hilos que tejen el texto, con las subjetividades de los lectores que comparten la lectura de ese texto. Una mediación que ayude, no sólo a dilucidar lo que dice el texto en su tejido más inmediato: lo que cuenta o lo que evoca, sino que ayude también a desentrañar la urdimbre más profunda del texto, para identificar entre otras posibilidades sus lazos e hilos intertextuales, y que éstos sean materia de conversaciones en busca de construir posibles significados del texto.

Tomemos en cuenta que cuando leemos, entramos en un territorio polifónico. Pues la lectura es un acto dialógico en el que intervienen diversas voces. En principio, y de modo más claro, está la voz del texto que nos dice de qué va su sentido, que nos narra o nos sugiere imágenes y emociones, que nos abre la puerta a mundos configurados literariamente, en la ficción o en la poesía; por otro lado, está la voz nuestra como lectores, quienes respondemos ante lo que nos dice ese texto. De modo menos directo, pero no menos relevante, participan en el diálogo, las voces que están en el texto y que provienen de otros textos, esas voces que hacen acto de presencia como evocaciones, alusiones, citas. Lo que Gerard Genette llama intertextualidad, es decir, la co-presencia entre dos o más textos, eso de lo que están poblados muchos textos y que, si atendemos un poco, podemos reconocer y desvelar su sentido en el texto anfitrión. La presencia de esos textos invitados nos propone nuevas rutas de lectura que podemos seguir por curiosidad o para ampliar el tejido de significados que guarda el texto que leemos en su relación con esos otros textos. De pronto, el texto que leemos deviene en mapa con distintos caminos trazados que nos llevan hacia otros textos, y hacia otros diálogos.

Esas presencias intertextuales no sólo acuden a un texto como demostración de que el autor se ha inspirado o conoce otras obras, sino que son voces que suelen aparecer de manera insólita y proponer una nueva significación del texto invitado, así como una significación más poderosa del texto que lo acoge. Por ejemplo, la imagen mítica presente en el siguiente fragmento del capítulo 7 de Rayuela, de Julio Cortázar:

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.

Si bien, la aparición del cíclope es metafórica, ya que propone una imagen del contacto amoroso a través de la mirada de los amantes que se acercan tanto, uno al otro, que se funden en una sola mirada que no mira más que la mirada del otro, ¿hacia donde más nos puede llevar la presencia del cíclope en esta prosa poética de Cortázar? Una ruta plausible, por supuesto, nos llevaría directamente al canto IX, de la Odisea, de Homero, donde se narra el encuentro de Odiseo con el cíclope Polifemo que, por cierto, no tiene nada de romántico, sino de tensión por el peligro al que se enfrenta el héroe y su tripulación frente al gigante hijo de Poseidón. Sin embargo, ahí nos lleva y este lugar puede ser sólo una estación en el camino. Ahora bien, si seguimos, esa ruta nos podría llevar a la Odisea completa, o bien, a otros textos de la mitología griega. De este modo, el lector también puede dialogar con esas otras voces que percuten como ecos de la Odisea en el capítulo 7 de Rayuela, y ampliar la significación que construye de un texto tan breve como poderoso.

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Hay más, otras presencias intertextuales que no siempre son evidentes para todo lector, o bien, no a todos los lectores se les revelan o les hacen sentido, porque dependen del horizonte de cada sujeto, así como del tejido peculiar que su lectura le lleve a hacer. Por ejemplo, en este caso, en el fragmento de Cortázar se podría establecer un vínculo intertextual con otros textos, poéticos o narrativos, a partir de la imagen del beso a que nos convoca la líneas del capítulo 7 de Rayuela. En ese tejido cabrían muchos otros textos, a propósito de la imagen de un encuentro amoroso cifrado en un beso. Textos lingüísticos, tanto como de otros lenguajes, ya sea una obra escultórica como “El beso”, de Auguste Rodin, o pictórica como la obra con nombre semejante, “El beso”, de Francesco Hayez, o cinematográficas como Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore, evocada inevitablemente por la sucesión de besos de la conmovedora escena final, sólo por citar unos pocos ejemplos. En resumen, la intertextualidad nos regala motivos para dar sentido a los diálogos que entablamos con otros lectores; para dialogar acerca de los sentidos que juntos encontramos en el texto que leemos; y para ir en busca de nuevos diálogos con otros textos.

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La tarea de un mediador o mediadora de lectura es encargarse de hacer sonar esas voces que están en el texto que se lee en compañía de otros. Sin explicitarlas directamente, porque eso obstaculizaría el hallazgo que todo lector tiene derecho a hacer en sus lecturas. En cambio, la mediación debe invitar a los lectores a desvelarlas, a buscarlas en su horizonte y acervo personal, quizá dando pistas, haciendo preguntas que inviten a la rememoración de textos conectados a partir de la imagen que evoca la metáfora, el pasaje, la emoción o la conmoción a que nos convoca o nos provoca un texto. La mediación puede ocuparse de hacer preguntas que como lectores no siempre nos hacemos explícitamente, pero que sí respondemos cuando logramos entrar en el texto o cuando el texto entra en nosotros. Esto ocurre cuando pensamos el texto como si fuéramos parte de él, como si ya fuera nuestro: ¿Qué me dice a mí ese texto? ¿En qué lugar de ese mundo configurado en el texto me coloco? ¿Soy espectador o me pongo en los zapatos del personaje? ¿Soy neutral o me sumo a una causa de la lucha que libran los personajes? ¿Eso que ocurre en el texto me ocurre a mí también, me ha ocurrido alguna vez? ¿Me he sentido como este o aquél personaje; he tenido intenciones semejantes o, en cambio, cuáles han sido las mías? Y tantas otras.

¿Hay una forma de leer mejor que otra? No lo creo, leer, ya sea a solas o acompañados de otros lectores brinda las mismas oportunidades para el asombro, el encuentro con nosotros mismos y para leer más allá del texto. Lo que sí cambia, cuando leemos en compañía de otros es, por una parte, el alcance de nuestra apropiación de los textos que leemos. Cualquier texto se abrirá más y nos mostrará más vetas, porque cada subjetividad horada en un punto distinto, así que miraremos más dentro de él en tanto lo leamos con otros que cuando lo leamos a solas. La lectura de los otros nos llevará a ver más profundo en el texto. Y, por otra parte, la lectura compartida con otros nos ayudará a construir comunidad. Leer en colectivo, no se trata sólo de leer junto a otros lectores, sino leer CON otros, y esto requiere de disposición a la escucha atenta, horizontalidad y colaboración para desentrañar el sentido del texto, los hilos que lo tejen y descubrir juntos los caminos hacia otras lecturas que nos propone su urdimbre.

Estoy convencida de que leer con otros, como se ha dicho al inicio de esta nota, es una alternativa para construir comunidad y, con ello, identidad como lectores, como sujetos y como ciudadanos. En tiempos de la modernidad líquida, de la que Bauman nos ha advertido, donde los desapegos se traducen en indiferencia y apatía, es urgente construir comunidad y solidaridad.

Créditos de las imágenes:
La imagen de la portada es la obra “El beso”, de Francesco Hayez (1859, óleo sobre lienzo).
El cuadro “El joven Cicerón leyendo” es de Vicenzo Foppa (1464, fresco).
La ilustración de Polifemo es de Pep Montserrat, para el libro La Odisea, editada por Combel, en 2008).
La imagen de la escultura es “El beso”, de Auguste Rodin (1882-89, mármol).

“Si les diéramos más poesía a los niños, el mundo cambiaría.” María Baranda. Entrevista.

“Si les diéramos más poesía a los niños, el mundo cambiaría.” María Baranda. Entrevista.
Leo, leo mucho, todos los días hasta que los ojos se me llenan de sueño. Desde que empecé a escribir cuando tenía como diez u once años, me compro unos cuadernos de hojas blancas. Y poco a poco empiezo a llenarlos de palabras, de palabras que son mundos, mundos que me llevan al aire y a soñar que yo algún día, estoy segura, podré volar.
María Baranda, en Diente de león.

La poeta María Baranda (Ciudad de México, 1962) fue designada en noviembre pasado como embajadora de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) para el año 2017. Este nombramiento representa una promesa para la difusión y la promoción de la poesía y, de manera especial, de la poesía que se dirige a la infancia.

María Baranda tiene una trayectoria relevante en la literatura actual mexicana, que la ha llevado a obtener premios destacados, entre los que se encuentran el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, de 1995, y el Premio Aguascalientes de Poesía, de 2003. Así como el binacional Premio de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2015, otorgado por el Seminario de Cultura Mexicana y el Festival Internacional de Poesía Trois-Riviéres), de Québec.

La autora de El jardín de los encantamientos (1989), Fábula de los perdidos (1990), Los memoriosos (1995) y Moradas imposibles (1997) y Dylan y las ballenas (2003), entre otros títulos, es una poeta cuidadosa de sus versos y del sentido de la poesía, ya que la asume como una necesidad expresiva sobre la experiencia con la realidad que nos toca vivir. Su arribo a la escritura inició durante la infancia reescribiendo los cuentos que leía y, en su adolescencia, escribiendo poemas de amor, cuyo destinatario, por cierto, nunca leyó. Más tarde, su poesía “adulta”, que ya contaba con una voz lírica profunda y “desgarrada”, hizo un lugar a la poesía destinada a la infancia, gracias a la recomendación de otros poetas, quienes consideran que es responsabilidad de los escritores (sin etiqueta de edad) hacer textos para iniciar a los niños en la apreciación del lenguaje literario y en la poesía, en particular.

Su primer libro de poesía para niños fue Digo de noche un gato, con ilustraciones de Julián Cicero (2006), al cual siguieron los títulos Sol de loEl vuelo y el pájaro o cómo acercarse a la poesía-PNSLs amigos, con ilustraciones de María Wernicke (2010) y Diente de león, con ilustraciones de Isidro R. Esquivel, los tres publicados por el sello de Ediciones El Naranjo. En el mismo año de 2012, hizo la antología Hago de voz un cuerpo, con ilustraciones de Gabriel Pacheco, del FCE, y el manual para mediadores de lectura, El vuelo y el pájaro o cómo acercarse a la poesía, publicado por CONACULTA para su Programa Nacional Salas de Lectura. Además, cuenta con otros títulos de narrativa para niños y adolescentes,
así como con libros en formato de álbum, con diversas editoriales.

La siguiente entrevista se llevó a cabo el 9 de septiembre de 2013, en la Ciudad de México, a propósito de mi interés por la poesía para la infancia y por la obra de María Baranda, publicada hasta ese momento. Todo ello, en el marco de mi curso en el Diplomado de Literatura Infantil y Juvenil, de la Universidad Iberoamericana, el cual estuvo coordinado por la doctora Laura Guerrero. Comparto ahora las palabras de María en este blog, para celebrar su nombramiento como embajadora de la FILIJ y para celebrar la poesía y la infancia.

En la semblanza que escribiste para los libros Digo de noche un gato, Sol de los amigos y Diente de león, mencionas que empezaste a escribir cuando eras una niña, ¿qué te dio la escritura en esa etapa?

Cómo empecé a escribir. Yo leía mucho de niña y leía historias, porque tuve un abuelo muy lector que siempre me daba cuentos, pero descubrí que en los cuentos todos los héroes eran hombres. Lo que yo leía eran cuentos de Salgari, de Julio Verne, algunos de los Hermanos Grimm, pero me parecían tristísimos. O de Andersen, como “La cerillera”, me acuerdo cómo lloraba yo con esa niña que se quedaba pobre y que luego se moría. Qué horror. Alguna vez me regalaron Alicia en el país de las Maravillas y pensé que era una niña muy loca y me dio miedo. Entonces, empecé sola realmente, por una necesidad de ubicarme dentro del texto a cambiar los cuentos. Y lo que yo hacía era leer y, después de leerlos, volvía a escribir la historia pero la protagonista era yo, ya no era Hans de Viaje al centro de la tierra. Me acompañaban por supuesto todas mis primas y mis amigas. Y descubríamos los monstruos que queríamos descubrir. Y llegábamos a las islas imaginarias que queríamos y, bueno, pues tuve muy grandes maestros, todos estos enormes escritores a los que yo imitaba e iba siguiendo paso por paso, pero como un juego. Como tratar de hacer un mundo propio que nunca encontré cuando fui niña, cuando fui lectora. En realidad por eso fui escritora, por esa necesidad de tener un mundo propio en mis juegos.

¿Y conservas tus libretas?

Pues el otro día mi mamá me entregó algunos cuentos, y entre ellos venía uno que se titulaba “El príncipe miserable”. Donde se ve que estaba muy enojada con mis hermanos, sobre todo con uno de ellos. Y yo lo castigaba. Y viene obviamente de “El Príncipe feliz”, de una copia del cuento de Oscar Wilde.

Así que tú hacías una re-significación de los cuentos que leías.

Así empecé.

¿Cuál es tu recuerdo más infantil en relación con la poesía?

No [tengo], no sé si porque en esa época de niños no nos daban poesía. Yo la recuerdo en la adolescencia con el golpe del primer amor, por ahí del tercero de secundaria, me enamoré de un chico. En mis libros de texto sí venían poemas. Y yo sentía que [a través de la poesía] era la única manera en que podía hablarle a él. Y escribí y escribí y escribí tremendos poemas de amor. Por supuesto él nunca se enteró, él nunca me volteó a ver. Ni siquiera me volteó a ver. Pero yo me quedé escribiendo poesía.

Pues qué afortunados somos, de que te hayas quedado escribiendo poesía. Y luego de tu Premio Nacional Aguascalientes 2003, ¿qué hubo? No he leído nada de poesía para niños de antes, sino de después. ¿Este premio de alguna manera te llevó a escribir para niños o ya lo habías hecho antes?

Tulia y la tecla mágica
No, no lo había hecho. Lo había hecho en prosa. En el 2000 publiqué mi primer libro, se llamó Tulia y la tecla mágica. Fue escrito para mis hijas, y también por esta necesidad del juego, de crear un mundo propio. En mi casa se escribían muchos cuentos en ese entonces, con el compañero que yo tenía en ese tiempo. Y, bueno, todo tenía que ver alrededor de los cuentos. Pero la poesía yo la tenía muy dividida. Pensaba que era para adultos, era mi parte adulta. Son poemas muy fuertes los que yo escribo en el mundo adulto. Con un mundo muy íntimo, pero a la vez muy desgarrado, hay mucha sangre, mucho llanto también. Aunque haya alegría, pero no me considero una poeta feliz en el mundo de los adultos. Empecé a escribir para niños después de un viaje que hice a Europa del Este y muchos de los autores ahí me cuestionaban que si yo no escribía para niños poesía. Y a mí ni siquiera se me había ocurrido y dije pero por qué. Y fue en Polonia donde los poetas me dijeron: es que si no lo hacemos nosotros, María, entonces quién, es como una responsabilidad que tenemos con ellos.

Aprendí también del honor que es para un escritor, escribir y dirigir tus imágenes y tus metáforas para los más pequeños. Y coincidió con que una editora, Ana Laura Delgado, del Naranjo, me llamó y me pidió mi primer libro de poesía [para niños]. Yo me reusé al principio y dije: ‘¡No, cómo, jamás lo he hecho!’ Ella me dijo: Te espero el tiempo que sea necesario. Y me tuvo que esperar un año. Y fue muy difícil escribir Digo de noche un gato.

Este fue tu primer libro de poesía para niños, entonces.

Y lo quiero muchísimo, pero me costó un trabajo tremendo, porque yo sabía que tenía que tener estas imágenes sencilla, estas metáforas más simples. Y entonces, es forzar mucho tu cabeza, tu trabajo, tu pluma. Y bueno, hablar de las cosas que yo pensaba que le podían importar a un niño, porque me importaban a mí, antes que nada. A mí me importan mis mascotas, a mis hijas también. A mi hijo le importaban los insectos. Entonces, la segunda parte tiene que ver más con él, con el mundo de la cigarra. Y con cosas que pasaban en la casa, porque por ejemplo ahí hay un poema a una vaca equivocada. Y de veras, un día se metió una vaca. Bueno ni siquiera se metió, se quedó en la puerta y yo jamás pude mover mi coche y, entonces, yo nunca llegué a mi cita, pero se quedó el poema, “Una vaca equivocada”.

¿De dónde vienen las palabras de estos poemas para los niños? Además de venir de tus vivencias, propias y con tus hijos, con la vida cotidiana, ¿vendrán de alguna manera de la María niña?

Yo creo que hay una palabra que es muy importante en la poesía. Y es que la poesía tiene que ser necesaria. Y cuando la poesía es necesaria para uno, se vuelve necesaria para el lector. Como nunca el lector de poesía se acerca a un libro como en secreto, porque lo tiene que volver a leer. Es como hablarle en voz baja a alguien.

María Baranda-foto de Enrique Rivera

Es como leerlo también en voz baja, metidos así, con una linterna debajo de las cobijas. Porque te están revelando algo demasiado personal e íntimo. Entonces, más allá de si yo una niña o no una niña. Yo no creo que haya una niña dentro de mí. Espero que no. Ya tengo cincuenta años. Espero que haya una adulta por fin, bien formada. Pero obviamente cuando escribo para niños, pienso en un lector más pequeño. Pero pienso desde el adulto, ¿eh? No creo que piense desde esto que se dice, de la niña interior. A mí más bien me da miedo esa imagen de la niña interior. Porque digo: ‘Ay no, todo lo que he vivido, tanta cosa, tanta terapia, para no haber crecido’. Entonces es desde ahí, desde la palabra necesario. La necesidad de escribir. Por ejemplo, el poema de “Mi perra”. La perra se murió. Fue una perra pues como en todas las casas, si ustedes tienen una mascota, el perro se vuelve parte de la familia. Y son perros que viven diez, quince años. [La perra] representaba para cada uno de mis hijos, y hasta para nosotros, alguien, algo importante. Para uno era el sillón, para otro era el barco, con el que iba a volar, para otro era la almohada. Para mí era la compañía. Empollaba aguacates esa perra, era como una gallina. Entonces, era adorable y acabé haciéndole un poema necesario para su funeral.

Tus libros tratan de diversos temas, uno de ellos, es el de los amigos, pero también la noche, los animales, los bichos, y además estados de ánimo y vivencias importantes en la vida de cualquier persona, adulta o niña. La experiencia de la amistad, por ejemplo, y el descubrimiento del mundo, como en Sol de amigos, o la experiencia de la pérdida en la búsqueda de los sueños y la esperanza, cómo en Diente de león, libros que tienen un lirismo poderoso que resulta muy emotivo para cualquier lector. ¿Cómo eliges, cómo llegas a la necesidad de tratar esos temas con la poesía?

Diente de león
Para mí la poesía está trenzada con el concepto y con la emoción. Mi poesía no es nada más conceptual, no está pensada nada más intelectualmente y tampoco es nada más pura emoción. Creo que yo voy tejiendo una trama, un hilado de sensaciones, de emociones y de ideas al mismo tiempo en el poema. Y siempre me lo propongo, para mí eso es un verdadero reto. En Diente de león, por ejemplo, es una historia que yo leí en el periódico sobre los desplazados en África. Pero yo acababa de estar en Oaxaca trabajando en escuelas con maestros y con niños, y me había desgarrado el paisaje y muchas historias de ellos. Pero realmente el disparador de ese libro es la historia de estos niños que tienen que salir de su casa. Te juro que escribí ese libro llorando. Y hay momentos en los que no podía dejar de llorar. Y decía: ‘pero porqué estoy escribiendo un libro tan triste’. Pero lo escribí de un tirón. Rapidísimo, no sé cuántas semanas fueron. Ya después lo pulí mucho, lo trabajé mucho para que quedara bien presentado. Pero sí, es un libro muy emotivo, porque salió así, salió de algo que me impactó, de algo que me pareció muy injusto. ¿Qué hemos hecho con los niños? No darles un mejor lugar, un mejor hogar a cada uno. Y eso es lo que me desgarra y es lo que está contado ahí, eso es lo que hay detrás.Sol de los amigos

Yo creo que la amistad es lo más importante en la vida. Porque pase lo que pase siempre te va a salvar un amigo. La mano de un amigo, una amiga. Y esas son las cosas que a mí me interesa transmitirles a mis hijos y a mis propios amigos y a mis lectores. De ahí Sol de los amigos, la amistad de un perro y un pájaro. Alguien que es del aire y alguien que es de la tierra. Alguien que no puede alcanzar al otro, porque el otro se va a ir o el otro se va a quedar y se va a morir en la tierra. Y cómo esos dos mundos se juntan a través de la amistad. Y el uno quiere al otro. Entonces, escogí estos dos elementos que, además yo veía en mi jardín. El perro persiguiendo al pájaro y el pájaro venciendo su miedo para acercarse al mayor enemigo y lograr descifrar y tener un mundo propio.

Seguramente tú has leído, conoces, a María Zambrano, ella dice algo en relación con la experiencia de la poesía. Dice que las palabras nos permiten levantar el vuelo. Y a mí me llama la atención que tú también, de alguna manera, en esta auto-semblanza en tu libro, también mencionas que la poesía te ha permitido volar. Cómo tienes ese deseo y sabes que lo vas a poder hacer en algún momento, a través de las palabras. Me encanta la idea, esta idea, de que las palabras te permiten volar. Y, en ese sentido, los niños con los que tú has estado dialogando directamente sobre tus libros, ¿qué te han dicho de estas palabras?, ¿de este vuelo?

Hace poco, la mamá de un niño se comunicó conmigo para decirme que estaba muy sorprendido su hijo que tiene 9 años, se llama Mateo. Y, le dijo a su mamá: ¿De cuándo acá ella y yo somos amigos? Su mamá le preguntó, ¿por qué? Mateo le respondió: Porque leí el poema “A mis amigos”. Mateo se sintió evidentemente identificado: Es que está hablando de mí, mamá, es todo lo que hago yo. Ella sabe lo que yo hago, ella sabe lo que hacen mis amigos. Entonces quiero saber cuándo fue mi amiga ella.

EDigo-de-noche-un-gatose es uno de los regalos más grande que me han dado. Una identificación tan fuerte con un poema, que, claro, yo tengo los recuerdos de lo que yo hacía o mis hermanos o de observar a otros niños, otros niños chicos que puedo ver, de cómo se guardan un poco de tierrita o caracoles; una hija mía se guardaba hasta las lombrices en los bolsillos. O cómo se comen el jamón directo del refrigerador o se beben la leche del empaque. Y todas esas cosas, y correr descalzos y gritar. Y todo lo que te hace feliz. Esos detalles que, como surgen de algo muy personal, espero que sí trasciendan, como le pasó a este niño, Mateo, y toquen a alguien más. Porque a mí lo que me interesa es que el poema sí sea un puente de comunicación con un lector. Porque si no, estaría urdiendo yo mis propias tramas, mis poemas absolutamente barrocos, haciendo cosas complicadísimas donde nadie pudiera entrar porque es mi mundo. Pero en este tipo de poemas no, la intención sí es que afuera está un lector y que yo pueda tocarlo. Y enseñarle esto que dices, que me encanta, del vuelo y del juego. Porque el lenguaje está, antes que nada, para jugar y [eso] se nos olvida mucho.

Y que la poesía es el arma, es la llave para abrir esa puerta de la lengua para la escritura y el pensamiento. Yo estoy absolutamente convencida de que si les diéramos más poesía a los niños, el mundo cambiaría.

Completamente de acuerdo. Te iba a ser preguntas sobre dos binomios, uno es niños-poesía y el otro es poesía-juego, y creo que lo acabas de explicar muy bien. Ahora, te invito a hacer un juego, un juego de palabras que son tu especialidad. Este va muy rápido, no te voy a dar tiempo para pensarlo. Tienes que responder en automático, ¿eh?

Tu libro favorito:

Un bolso amarillo, de Lygia Bojunga.La enorme nada

Tu postre favorito:

El mango.

Tu juego favorito:

Las escondidas.

El momento del día que más te gusta:

La mañana temprano.

Una palabra que te dé mucha risa:

Verde-limón.

La palabra que más te atemoriza:

Sangre.

Una palabras que te da esperanza:

Casa.

Una palabra cuyo sonido te gusta mucho:

Timbirimbín.

Una palabra que te haga soñar:

Volar.

Si la poesía para niños fuese un juguete, ¿cómo cuál sería?

Como una muñeca.

Si la poesía se pudiera comer, ¿a qué sabría?

A guanábana.

Y si la poesía para niños pudiese adquirir la forma de un objeto, ¿cuál sería? y ¿cómo sería?

Una caja para abrirla y ver qué tantos secretos hay ahí dentro.

¿Cuál es el libro que hayas escrito para niños que más te gusta, el más entrañable?

Ahorita, el último, Diente de león. Dicen que el último que acaba de salir es el que más queremos. Y hay algo de eso. Es como el hijo recién nacido que luego sí dices: ese bebé, ese bebé es mío.

Finalmente, ¿qué les dirías a los niños para invitarlos a leer poesía y a leer tu obra?

Que jueguen mucho, pero que también jueguen con la lengua y con las palabras. La poesía antes que nada es juego e imaginación. Y sentir mucho obviamente con el corazón.

Muchas gracias. ¡Viva la poesía!

Querido pajaro.jpg

Algunos libros para niños de María Baranda:

Tulia y la tecla mágica, Ediciones Castillo, 2006 (1ª ed. 2000).

Marte y las princesas voladoras, con ilustraciones de Elena Odriozola, FCE, 2006.

Digo de noche un gato, Ediciones El Naranjo, 2006.

El mago abuelo y su chango desaparecido, con ilustraciones de Cecilia Rébora, Ediciones El Naranjo, 2006.

Ángela en el cielo de Saturno, con ilustraciones de Margarita Sada, Castillo, 2008.

¡Ruge!, con ilustraciones de Alejandro Magallanes, Ediciones El Naranjo, 2008.

Arrullo, con ilustraciones de Margarita Sada, Ediciones El Naranjo, 2008.

La risa de los cocodrilos, ilustraciones de Julián Cicero, Ediciones El Naranjo, 2008.

Un abrazo, con ilustraciones de Cecilia Varela, Ediciones El Naranjo, 2009.

Silena y la caja de los secretos, Ediciones SM, 2009.

Sol de los amigos, con ilustraciones de María Wernicke, Ediciones El Naranjo, 2010.

Frida Kahlo: una historia posible, ilustrado por Gabriel Pacheco, Anaya, 2010.

Diente de león, con ilustraciones de Isidro R. Esquivel, Ediciones El Naranjo, 2012.

La enorme nada, con ilustraciones de Maite Gurrutxaga, FCE, 2015.

Querido pájaro, con ilustraciones de Elizabeth Builes, Ediciones El Naranjo, 2016.

(Foto de María Baranda frente a ventanal, de Enrique Rivera. Tomada de: http://www.imer.mx/rmi/maria-baranda/. 6 de enero de 2017.