Leo, leo mucho, todos los días hasta que los ojos se me llenan de sueño. Desde que empecé a escribir cuando tenía como diez u once años, me compro unos cuadernos de hojas blancas. Y poco a poco empiezo a llenarlos de palabras, de palabras que son mundos, mundos que me llevan al aire y a soñar que yo algún día, estoy segura, podré volar.
María Baranda, en Diente de león.

La poeta María Baranda (Ciudad de México, 1962) fue designada en noviembre pasado como embajadora de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) para el año 2017. Este nombramiento representa una promesa para la difusión y la promoción de la poesía y, de manera especial, de la poesía que se dirige a la infancia.

María Baranda tiene una trayectoria relevante en la literatura actual mexicana, que la ha llevado a obtener premios destacados, entre los que se encuentran el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, de 1995, y el Premio Aguascalientes de Poesía, de 2003. Así como el binacional Premio de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2015, otorgado por el Seminario de Cultura Mexicana y el Festival Internacional de Poesía Trois-Riviéres), de Québec.

La autora de El jardín de los encantamientos (1989), Fábula de los perdidos (1990), Los memoriosos (1995) y Moradas imposibles (1997) y Dylan y las ballenas (2003), entre otros títulos, es una poeta cuidadosa de sus versos y del sentido de la poesía, ya que la asume como una necesidad expresiva sobre la experiencia con la realidad que nos toca vivir. Su arribo a la escritura inició durante la infancia reescribiendo los cuentos que leía y, en su adolescencia, escribiendo poemas de amor, cuyo destinatario, por cierto, nunca leyó. Más tarde, su poesía “adulta”, que ya contaba con una voz lírica profunda y “desgarrada”, hizo un lugar a la poesía destinada a la infancia, gracias a la recomendación de otros poetas, quienes consideran que es responsabilidad de los escritores (sin etiqueta de edad) hacer textos para iniciar a los niños en la apreciación del lenguaje literario y en la poesía, en particular.

Su primer libro de poesía para niños fue Digo de noche un gato, con ilustraciones de Julián Cicero (2006), al cual siguieron los títulos Sol de loEl vuelo y el pájaro o cómo acercarse a la poesía-PNSLs amigos, con ilustraciones de María Wernicke (2010) y Diente de león, con ilustraciones de Isidro R. Esquivel, los tres publicados por el sello de Ediciones El Naranjo. En el mismo año de 2012, hizo la antología Hago de voz un cuerpo, con ilustraciones de Gabriel Pacheco, del FCE, y el manual para mediadores de lectura, El vuelo y el pájaro o cómo acercarse a la poesía, publicado por CONACULTA para su Programa Nacional Salas de Lectura. Además, cuenta con otros títulos de narrativa para niños y adolescentes,
así como con libros en formato de álbum, con diversas editoriales.

La siguiente entrevista se llevó a cabo el 9 de septiembre de 2013, en la Ciudad de México, a propósito de mi interés por la poesía para la infancia y por la obra de María Baranda, publicada hasta ese momento. Todo ello, en el marco de mi curso en el Diplomado de Literatura Infantil y Juvenil, de la Universidad Iberoamericana, el cual estuvo coordinado por la doctora Laura Guerrero. Comparto ahora las palabras de María en este blog, para celebrar su nombramiento como embajadora de la FILIJ y para celebrar la poesía y la infancia.

En la semblanza que escribiste para los libros Digo de noche un gato, Sol de los amigos y Diente de león, mencionas que empezaste a escribir cuando eras una niña, ¿qué te dio la escritura en esa etapa?

Cómo empecé a escribir. Yo leía mucho de niña y leía historias, porque tuve un abuelo muy lector que siempre me daba cuentos, pero descubrí que en los cuentos todos los héroes eran hombres. Lo que yo leía eran cuentos de Salgari, de Julio Verne, algunos de los Hermanos Grimm, pero me parecían tristísimos. O de Andersen, como “La cerillera”, me acuerdo cómo lloraba yo con esa niña que se quedaba pobre y que luego se moría. Qué horror. Alguna vez me regalaron Alicia en el país de las Maravillas y pensé que era una niña muy loca y me dio miedo. Entonces, empecé sola realmente, por una necesidad de ubicarme dentro del texto a cambiar los cuentos. Y lo que yo hacía era leer y, después de leerlos, volvía a escribir la historia pero la protagonista era yo, ya no era Hans de Viaje al centro de la tierra. Me acompañaban por supuesto todas mis primas y mis amigas. Y descubríamos los monstruos que queríamos descubrir. Y llegábamos a las islas imaginarias que queríamos y, bueno, pues tuve muy grandes maestros, todos estos enormes escritores a los que yo imitaba e iba siguiendo paso por paso, pero como un juego. Como tratar de hacer un mundo propio que nunca encontré cuando fui niña, cuando fui lectora. En realidad por eso fui escritora, por esa necesidad de tener un mundo propio en mis juegos.

¿Y conservas tus libretas?

Pues el otro día mi mamá me entregó algunos cuentos, y entre ellos venía uno que se titulaba “El príncipe miserable”. Donde se ve que estaba muy enojada con mis hermanos, sobre todo con uno de ellos. Y yo lo castigaba. Y viene obviamente de “El Príncipe feliz”, de una copia del cuento de Oscar Wilde.

Así que tú hacías una re-significación de los cuentos que leías.

Así empecé.

¿Cuál es tu recuerdo más infantil en relación con la poesía?

No [tengo], no sé si porque en esa época de niños no nos daban poesía. Yo la recuerdo en la adolescencia con el golpe del primer amor, por ahí del tercero de secundaria, me enamoré de un chico. En mis libros de texto sí venían poemas. Y yo sentía que [a través de la poesía] era la única manera en que podía hablarle a él. Y escribí y escribí y escribí tremendos poemas de amor. Por supuesto él nunca se enteró, él nunca me volteó a ver. Ni siquiera me volteó a ver. Pero yo me quedé escribiendo poesía.

Pues qué afortunados somos, de que te hayas quedado escribiendo poesía. Y luego de tu Premio Nacional Aguascalientes 2003, ¿qué hubo? No he leído nada de poesía para niños de antes, sino de después. ¿Este premio de alguna manera te llevó a escribir para niños o ya lo habías hecho antes?

Tulia y la tecla mágica
No, no lo había hecho. Lo había hecho en prosa. En el 2000 publiqué mi primer libro, se llamó Tulia y la tecla mágica. Fue escrito para mis hijas, y también por esta necesidad del juego, de crear un mundo propio. En mi casa se escribían muchos cuentos en ese entonces, con el compañero que yo tenía en ese tiempo. Y, bueno, todo tenía que ver alrededor de los cuentos. Pero la poesía yo la tenía muy dividida. Pensaba que era para adultos, era mi parte adulta. Son poemas muy fuertes los que yo escribo en el mundo adulto. Con un mundo muy íntimo, pero a la vez muy desgarrado, hay mucha sangre, mucho llanto también. Aunque haya alegría, pero no me considero una poeta feliz en el mundo de los adultos. Empecé a escribir para niños después de un viaje que hice a Europa del Este y muchos de los autores ahí me cuestionaban que si yo no escribía para niños poesía. Y a mí ni siquiera se me había ocurrido y dije pero por qué. Y fue en Polonia donde los poetas me dijeron: es que si no lo hacemos nosotros, María, entonces quién, es como una responsabilidad que tenemos con ellos.

Aprendí también del honor que es para un escritor, escribir y dirigir tus imágenes y tus metáforas para los más pequeños. Y coincidió con que una editora, Ana Laura Delgado, del Naranjo, me llamó y me pidió mi primer libro de poesía [para niños]. Yo me reusé al principio y dije: ‘¡No, cómo, jamás lo he hecho!’ Ella me dijo: Te espero el tiempo que sea necesario. Y me tuvo que esperar un año. Y fue muy difícil escribir Digo de noche un gato.

Este fue tu primer libro de poesía para niños, entonces.

Y lo quiero muchísimo, pero me costó un trabajo tremendo, porque yo sabía que tenía que tener estas imágenes sencilla, estas metáforas más simples. Y entonces, es forzar mucho tu cabeza, tu trabajo, tu pluma. Y bueno, hablar de las cosas que yo pensaba que le podían importar a un niño, porque me importaban a mí, antes que nada. A mí me importan mis mascotas, a mis hijas también. A mi hijo le importaban los insectos. Entonces, la segunda parte tiene que ver más con él, con el mundo de la cigarra. Y con cosas que pasaban en la casa, porque por ejemplo ahí hay un poema a una vaca equivocada. Y de veras, un día se metió una vaca. Bueno ni siquiera se metió, se quedó en la puerta y yo jamás pude mover mi coche y, entonces, yo nunca llegué a mi cita, pero se quedó el poema, “Una vaca equivocada”.

¿De dónde vienen las palabras de estos poemas para los niños? Además de venir de tus vivencias, propias y con tus hijos, con la vida cotidiana, ¿vendrán de alguna manera de la María niña?

Yo creo que hay una palabra que es muy importante en la poesía. Y es que la poesía tiene que ser necesaria. Y cuando la poesía es necesaria para uno, se vuelve necesaria para el lector. Como nunca el lector de poesía se acerca a un libro como en secreto, porque lo tiene que volver a leer. Es como hablarle en voz baja a alguien.

María Baranda-foto de Enrique Rivera

Es como leerlo también en voz baja, metidos así, con una linterna debajo de las cobijas. Porque te están revelando algo demasiado personal e íntimo. Entonces, más allá de si yo una niña o no una niña. Yo no creo que haya una niña dentro de mí. Espero que no. Ya tengo cincuenta años. Espero que haya una adulta por fin, bien formada. Pero obviamente cuando escribo para niños, pienso en un lector más pequeño. Pero pienso desde el adulto, ¿eh? No creo que piense desde esto que se dice, de la niña interior. A mí más bien me da miedo esa imagen de la niña interior. Porque digo: ‘Ay no, todo lo que he vivido, tanta cosa, tanta terapia, para no haber crecido’. Entonces es desde ahí, desde la palabra necesario. La necesidad de escribir. Por ejemplo, el poema de “Mi perra”. La perra se murió. Fue una perra pues como en todas las casas, si ustedes tienen una mascota, el perro se vuelve parte de la familia. Y son perros que viven diez, quince años. [La perra] representaba para cada uno de mis hijos, y hasta para nosotros, alguien, algo importante. Para uno era el sillón, para otro era el barco, con el que iba a volar, para otro era la almohada. Para mí era la compañía. Empollaba aguacates esa perra, era como una gallina. Entonces, era adorable y acabé haciéndole un poema necesario para su funeral.

Tus libros tratan de diversos temas, uno de ellos, es el de los amigos, pero también la noche, los animales, los bichos, y además estados de ánimo y vivencias importantes en la vida de cualquier persona, adulta o niña. La experiencia de la amistad, por ejemplo, y el descubrimiento del mundo, como en Sol de amigos, o la experiencia de la pérdida en la búsqueda de los sueños y la esperanza, cómo en Diente de león, libros que tienen un lirismo poderoso que resulta muy emotivo para cualquier lector. ¿Cómo eliges, cómo llegas a la necesidad de tratar esos temas con la poesía?

Diente de león
Para mí la poesía está trenzada con el concepto y con la emoción. Mi poesía no es nada más conceptual, no está pensada nada más intelectualmente y tampoco es nada más pura emoción. Creo que yo voy tejiendo una trama, un hilado de sensaciones, de emociones y de ideas al mismo tiempo en el poema. Y siempre me lo propongo, para mí eso es un verdadero reto. En Diente de león, por ejemplo, es una historia que yo leí en el periódico sobre los desplazados en África. Pero yo acababa de estar en Oaxaca trabajando en escuelas con maestros y con niños, y me había desgarrado el paisaje y muchas historias de ellos. Pero realmente el disparador de ese libro es la historia de estos niños que tienen que salir de su casa. Te juro que escribí ese libro llorando. Y hay momentos en los que no podía dejar de llorar. Y decía: ‘pero porqué estoy escribiendo un libro tan triste’. Pero lo escribí de un tirón. Rapidísimo, no sé cuántas semanas fueron. Ya después lo pulí mucho, lo trabajé mucho para que quedara bien presentado. Pero sí, es un libro muy emotivo, porque salió así, salió de algo que me impactó, de algo que me pareció muy injusto. ¿Qué hemos hecho con los niños? No darles un mejor lugar, un mejor hogar a cada uno. Y eso es lo que me desgarra y es lo que está contado ahí, eso es lo que hay detrás.Sol de los amigos

Yo creo que la amistad es lo más importante en la vida. Porque pase lo que pase siempre te va a salvar un amigo. La mano de un amigo, una amiga. Y esas son las cosas que a mí me interesa transmitirles a mis hijos y a mis propios amigos y a mis lectores. De ahí Sol de los amigos, la amistad de un perro y un pájaro. Alguien que es del aire y alguien que es de la tierra. Alguien que no puede alcanzar al otro, porque el otro se va a ir o el otro se va a quedar y se va a morir en la tierra. Y cómo esos dos mundos se juntan a través de la amistad. Y el uno quiere al otro. Entonces, escogí estos dos elementos que, además yo veía en mi jardín. El perro persiguiendo al pájaro y el pájaro venciendo su miedo para acercarse al mayor enemigo y lograr descifrar y tener un mundo propio.

Seguramente tú has leído, conoces, a María Zambrano, ella dice algo en relación con la experiencia de la poesía. Dice que las palabras nos permiten levantar el vuelo. Y a mí me llama la atención que tú también, de alguna manera, en esta auto-semblanza en tu libro, también mencionas que la poesía te ha permitido volar. Cómo tienes ese deseo y sabes que lo vas a poder hacer en algún momento, a través de las palabras. Me encanta la idea, esta idea, de que las palabras te permiten volar. Y, en ese sentido, los niños con los que tú has estado dialogando directamente sobre tus libros, ¿qué te han dicho de estas palabras?, ¿de este vuelo?

Hace poco, la mamá de un niño se comunicó conmigo para decirme que estaba muy sorprendido su hijo que tiene 9 años, se llama Mateo. Y, le dijo a su mamá: ¿De cuándo acá ella y yo somos amigos? Su mamá le preguntó, ¿por qué? Mateo le respondió: Porque leí el poema “A mis amigos”. Mateo se sintió evidentemente identificado: Es que está hablando de mí, mamá, es todo lo que hago yo. Ella sabe lo que yo hago, ella sabe lo que hacen mis amigos. Entonces quiero saber cuándo fue mi amiga ella.

EDigo-de-noche-un-gatose es uno de los regalos más grande que me han dado. Una identificación tan fuerte con un poema, que, claro, yo tengo los recuerdos de lo que yo hacía o mis hermanos o de observar a otros niños, otros niños chicos que puedo ver, de cómo se guardan un poco de tierrita o caracoles; una hija mía se guardaba hasta las lombrices en los bolsillos. O cómo se comen el jamón directo del refrigerador o se beben la leche del empaque. Y todas esas cosas, y correr descalzos y gritar. Y todo lo que te hace feliz. Esos detalles que, como surgen de algo muy personal, espero que sí trasciendan, como le pasó a este niño, Mateo, y toquen a alguien más. Porque a mí lo que me interesa es que el poema sí sea un puente de comunicación con un lector. Porque si no, estaría urdiendo yo mis propias tramas, mis poemas absolutamente barrocos, haciendo cosas complicadísimas donde nadie pudiera entrar porque es mi mundo. Pero en este tipo de poemas no, la intención sí es que afuera está un lector y que yo pueda tocarlo. Y enseñarle esto que dices, que me encanta, del vuelo y del juego. Porque el lenguaje está, antes que nada, para jugar y [eso] se nos olvida mucho.

Y que la poesía es el arma, es la llave para abrir esa puerta de la lengua para la escritura y el pensamiento. Yo estoy absolutamente convencida de que si les diéramos más poesía a los niños, el mundo cambiaría.

Completamente de acuerdo. Te iba a ser preguntas sobre dos binomios, uno es niños-poesía y el otro es poesía-juego, y creo que lo acabas de explicar muy bien. Ahora, te invito a hacer un juego, un juego de palabras que son tu especialidad. Este va muy rápido, no te voy a dar tiempo para pensarlo. Tienes que responder en automático, ¿eh?

Tu libro favorito:

Un bolso amarillo, de Lygia Bojunga.La enorme nada

Tu postre favorito:

El mango.

Tu juego favorito:

Las escondidas.

El momento del día que más te gusta:

La mañana temprano.

Una palabra que te dé mucha risa:

Verde-limón.

La palabra que más te atemoriza:

Sangre.

Una palabras que te da esperanza:

Casa.

Una palabra cuyo sonido te gusta mucho:

Timbirimbín.

Una palabra que te haga soñar:

Volar.

Si la poesía para niños fuese un juguete, ¿cómo cuál sería?

Como una muñeca.

Si la poesía se pudiera comer, ¿a qué sabría?

A guanábana.

Y si la poesía para niños pudiese adquirir la forma de un objeto, ¿cuál sería? y ¿cómo sería?

Una caja para abrirla y ver qué tantos secretos hay ahí dentro.

¿Cuál es el libro que hayas escrito para niños que más te gusta, el más entrañable?

Ahorita, el último, Diente de león. Dicen que el último que acaba de salir es el que más queremos. Y hay algo de eso. Es como el hijo recién nacido que luego sí dices: ese bebé, ese bebé es mío.

Finalmente, ¿qué les dirías a los niños para invitarlos a leer poesía y a leer tu obra?

Que jueguen mucho, pero que también jueguen con la lengua y con las palabras. La poesía antes que nada es juego e imaginación. Y sentir mucho obviamente con el corazón.

Muchas gracias. ¡Viva la poesía!

Querido pajaro.jpg

Algunos libros para niños de María Baranda:

Tulia y la tecla mágica, Ediciones Castillo, 2006 (1ª ed. 2000).

Marte y las princesas voladoras, con ilustraciones de Elena Odriozola, FCE, 2006.

Digo de noche un gato, Ediciones El Naranjo, 2006.

El mago abuelo y su chango desaparecido, con ilustraciones de Cecilia Rébora, Ediciones El Naranjo, 2006.

Ángela en el cielo de Saturno, con ilustraciones de Margarita Sada, Castillo, 2008.

¡Ruge!, con ilustraciones de Alejandro Magallanes, Ediciones El Naranjo, 2008.

Arrullo, con ilustraciones de Margarita Sada, Ediciones El Naranjo, 2008.

La risa de los cocodrilos, ilustraciones de Julián Cicero, Ediciones El Naranjo, 2008.

Un abrazo, con ilustraciones de Cecilia Varela, Ediciones El Naranjo, 2009.

Silena y la caja de los secretos, Ediciones SM, 2009.

Sol de los amigos, con ilustraciones de María Wernicke, Ediciones El Naranjo, 2010.

Frida Kahlo: una historia posible, ilustrado por Gabriel Pacheco, Anaya, 2010.

Diente de león, con ilustraciones de Isidro R. Esquivel, Ediciones El Naranjo, 2012.

La enorme nada, con ilustraciones de Maite Gurrutxaga, FCE, 2015.

Querido pájaro, con ilustraciones de Elizabeth Builes, Ediciones El Naranjo, 2016.

(Foto de María Baranda frente a ventanal, de Enrique Rivera. Tomada de: http://www.imer.mx/rmi/maria-baranda/. 6 de enero de 2017.

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