Algunas notas sobre la celebración del Día de Reyes

La imagen de la portada pertenece a un mosaico de mediados del siglo VI, en el cual aparecieron escritos por primera vez los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, en la basílica de San Apollinare Nuovo, en Ravena, Italia.

Es de muchos conocido que en la narrativa de la tradición católica, se cuenta el pasaje sobre la visita que hacen al Niño Jesús los tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltazar, para honrar al recién nacido con regalos de cualidad simbólica. Le obsequiaron oro, que representa la naturaleza real del pequeño Jesús; incienso, que hace alusión a su naturaleza divina; y mirra, que señala su condición humana.

A partir de este relato, surgió la costumbre de dar regalos a las niñas y los niños, ya durante la Navidad, o bien, durante el llamado Día de Reyes. En vísperas de la llegada de los Magos, se suele llevar a cabo una práctica de cultura escrita que resulta ser significativa y relevante en la experiencia infantil. Se trata de la escritura de una carta, a través de la cual se hace un balance auto-reflexivo sobre el comportamiento observado durante el año. Por ejemplo:

Queridos Reyes Magos, este año me he portado más bien que mal…

Queridos Melchor, Gaspar y Baltazar, aunque no me porté muy bien este año, sí que merezco unos regalitos…

Nótese, además del carácter autocrítico y reflexivo al que convoca este ejercicio, su poder simbólico. ¿Por qué dejamos tan pronto de escribir acerca de nosotros mismos y de nuestros deseos? ¿Por qué dejamos ir tan pronto esa cualidad de mirarnos y valorar nuestras acciones o los efectos de las mismas? ¿Cómo mantener la capacidad de buscar equilibrio entre la ilusión de que la vida puede darnos regalos, a pesar de que a veces parece despojarnos de ellos? ¿Cómo recordar que la ficción es excelente compañía y nos prepara para los encuentros cotidianos con la realidad? ¿Cómo sería el mundo si esta práctica de infancia nos acompañara hasta el fin de nuestra existencia?

Volviendo al ritual de Reyes, otro componente de la carta es una lista y descripción de los objetos de deseo, es decir, de las peticiones que dirigimos a los Magos, acerca de las cosas que durante días, semanas y a veces meses hemos soñado tener. Entre las cuales destacan los juguetes y los regalos especiales; también, aunque con menor frecuencia, aparecen solicitudes de índole simbólica o emotiva, del estilo: Paz para el mundoQue mi papá juegue más tiempo conmigo… Que no haya niños pobres… ¿Quién, en su infancia, no hizo alguna vez una petición de este orden? ¿Pues acaso no eran magos esos reyes, o el destinatario de la carta debía haber sido otro, o será que algunos de esos regalos los tenemos que construir nosotros mismos?

Ahora, en los días que corren, también se leen peticiones de objetos sofisticados, propios de una sociedad de practicas y consumos tecnológicos cada vez más extendidos; de modo que hay niñas y niños que solicitan teléfonos móviles, tabletas y aplicaciones digitales, juegos electrónicos y más. Sí, de veras, conozco a algunos y ustedes también, ¿cierto? Asimismo, y para tranquilidad de muchos, también es cada vez más frecuente, ¿o menos raro?, que en algunas cartas se requieran libros, en ocasiones con la mención de títulos específicos o mediante los nombres de sagas completas. Además, como parte de los preparativos de la llegada de los Reyes, hay quienes acostumbran colocar un zapato e incluso dejar un bocadillo para el caballo, el elefante y el camello, dignos medios de transporte de los nobles viajeros (aunque en algunas versiones del relato, las monturas de los tres reyes eran camellos). Todo ello, entre otros tantos actos rituales que actualizan, de distintas maneras y con mayor o menor valor simbólico y tradicional, el Día de Reyes.

En cualquier caso, y al margen de la promoción consumista que esta práctica suscita, el Día de Reyes convoca una emoción desbordante que apela a la infancia, al juego y a la ensoñación, tanto como una experiencia de las niñas y los niños que hoy mismo están escribiendo sus cartas, o se hallan a punto de hacerlo, como a la de muchas personas adultas, quienes participamos recreando el relato y los componentes del rito, o bien, aprovechamos estas fechas para actualizar nuestra propia experiencia y ensoñaciones de infancia motivadas por los Reyes Magos que, cuenta la tradición, vinieron de Oriente. ¿Quién no intentó mantenerse en vela para sorprender a los Reyes Magos a su llegada a casa? ¿Quién no imaginó el periplo que tuvieron que hacer para arribar, por ejemplo, a un departamento en el cuarto piso? ¿Quién no imaginó cómo habrían logrado cruzar la ciudad el caballo, el elefante y el camello… cuál ruta habrían tomado… y si habrían respetado o no   los semáforos…?

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Por otra parte, no olvidemos que este tipo de prácticas culturales se asientan en el imaginario popular, a través de la producción de otras prácticas y objetos culturales de distinta índole. Por ejemplo, ¿recuerdan su foto en la Alameda o en otro parque con los Reyes Magos? O tal vez se quedaron con las ganas de que les tomaran una instantánea. O quizá la repudiaron, y se resistieron a fuerza de un mega berrinche, ante la posibilidad de estar sentados en medio de tres hombres de sonrisa dudosa, quienes bailaban al ritmo de cumbia con sus disfraces orientales, barbas y turbantes medio caídos, después de una jornada maratónica de trabajo. Ante esto tenemos que las representaciones escénicas o performance con vestuario o disfraz de Reyes Magos no sólo han surgido de las ideas creativas del autoempleo, sino que pueden deber su origen a las representaciones de momentos clave del relato cristiano (como la Anunciación, la Natividad, la Pasión, etc.) que provienen de la Antigüedad y la Edad Media, y que tuvieron un auge en el Renacimiento. Ya que la expansión del catolicismo y su narrativa global tanto como la que refiere el pasaje de los Reyes Magos se reflejó en las artes plásticas, principalmente en la pintura, la escultura, la litografía y el grabado. Así como en textos literarios, que incluyeron autos sacramentales, es decir, teatro con tema religioso. Un ejemplo emblemático es el Auto de los Reyes Magos, obra dramática compuesta presumiblemente en el siglo XII. En esta obra se representa el viaje de los tres Reyes Magos, quienes, guiados por la estrella que anunciaba emanuscrito-auto-de-los-reyes-magosl nacimiento de un niño que salvaría a la humanidad, tratan de desvelar el significado del acontecimiento y visitan al rey Herodes para persuadirlo de ver una amenaza en el recién nacido. En este auto sacramental se aprecia un hilo temático y argumental que es retomado en las pastorales, representaciones escénicas que se emplearon en la Nueva España, en el contexto de la evangelización, y que se siguen representando aún en nuestros días, con un estilo peculiar cada vez más dotado de humor e ironía, que abreva en la cultura popular y rural mexicana (no exenta de estereotipos, las más de las veces). Incluso, el recurso de la pastorela se utiliza para hacer parodias con un sentido crítico relacionado con la coyuntura política.

Por hoy, hasta aquí las notas sobre la celebración del Día de Reyes, porque este tejido ya se está haciendo nudos. Además todavía no escribo mi cartita. ¿Ustedes ya lo hicieron?

(La pintura del círculo es «La adoración de los Reyes Magos», de Rubens. En tanto que la imagen del manuscrito, presenta un fragmento del Auto de los Reyes Magos, del siglo XII. Y la fotografía de los Reyes en la Alameda de la Ciudad de México es anónima.)

Dos poemas para celebrar el Día de Reyes

En verdad, las palabras sueñan. 
Gaston Bachelard

Para leer en estos días con las niñas y los niños de todas las edades, dos poemas. Se trata de “Noche de Reyes”, de Sagrario Pinto (Talavera de la Reina, 1957–), incluido en La casa de los días (Anaya, 2001). En este poema brillan imágenes que evocan emociones y sensaciones nacidas de una expectativa que nos recorre el cuerpo, que nos cobija con una noche eterna que sabe a roscón (rosca de reyes). El segundo poema es “El camello (Auto de los reyes magos)”, de Gloria Fuertes (Madrid, 1917–1998), incluido en Gloria Fuertes. Antología (Susaeta, 2001). Un poema narrativo, cuyos versos se dedican a hacernos cosquillas mientras los leemos. Con imágenes irreverentes e ingeniosas que ponen en aprietos a los tres reyes, a causa de las peripecias sufridas por el camello… hasta cierto punto.

Noche de reyes

Para Lucca Tranquillini, 
quien un día habló con el rey Baltasar.
Hay un sueño de zapatos

que esperan en los balcones,

diminutos, puntiagudos,

zapatos multicolores,

temblorosos y brillantes

en el azul de la noche.

Noche oscura,

noche larga,

noche con capas de seda

y con escaleras altas.

 

En el reloj de la torre

se van durmiendo las horas.

Desde el balcón, los zapatos

ven cómo bailan las sombras.

Las voces revolotean,

comienza a nacer el alba.

en los ojos de los niños

hay chispitas de bengala.

 

Las copas están vacías,

falta un trozo de roscón,

en la alfombra quedan huellas

del camello de Melchor…

 

Por las ventanas abiertas

entran los copos de nieve.

Decid, decidme, zapatos,

¿qué me han traído los Reyes?

Sagrario Pinto

(Ilustraciones de Teresa Novoa)

El camello

(Auto de los reyes magos)

El camello se pinchó

con un cardo en el camino

y el mecánico Melchor

le dio vino.

 

Baltasar fue a… Repostar

más allá del quinto pino…

e intranquilo el gran Melchor

consultaba su «Longinos».

 

—¡No llegamos,

no llegamos,

y el santo parto ha venido!

 

(Son las doce y tres minutos

y tres reyes se han perdido).

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El camello cojeando

más medio muerto que vivo

va espeluchando su felpa

entre los troncos de olivos.

 

Acercándose a Gaspar,

Melchor le dijo al oído:

—Vaya birria de camello

que en Oriente te han vendido.

 

A la entrada de Belén

al camello le dio hipo.

¡Ay qué tristeza tan grande

en su belfo y en su tipo!

 

Se iba cayendo la mirra

a lo largo del camino,

Baltasar lleva los cofres,

Melchor empujaba al bicho.

 

Y a las tantas ya del alba

–ya cantaban pajarillos–

los tres reyes se quedaron

boquiabiertos e indecisos,reyes-marchandose-jesus-gaban-2017-01-04-21-32-54

oyendo hablar como a un Hombre

a un Niño recién nacido.

 

—No quiero oro ni incienso

ni esos tesoros tan fríos,

quiero al camello, le quiero.

Le quiero –repitió el Niño.

 

A pie vuelven los tres reyes

cabizbajos y afligidos.

Mientras el camello echado

le hace cosquillas al Niño.

Gloria Fuertes

(Ilustraciones de Jesús Gabán)

(La ilustración de la portada es de Carmen Queralt, para el libro Fermín y los reyes magos de Antonio Vicente.)